Tres años más tarde me volví a encontrar a un viejo amigo de la infancia con quien no compartí muchos momentos agradables, pero que se volvió entrañable por el noble carácter que tenía, su pasividad y su inteligencia lo hacían digno de mi admiración. Siempre lo consideré un hombre sensato de juicio, recatado y con mesura en sus diálogos.
Con tristeza me di cuenta de que la imágen de ese hombre se ha desvanecido. El tiempo parece haberlo consumido de una manera que a mí me extrañaría en un hombre ya penas puedo creer que esa alma aparentemente tan rígida a los preceptos que regían su estricta conducta.
Se convirtió en un hombre decepcionado de sus relaciones interpersonales y en general de la vida tan intachable que llevaba. Las decepciones amorosas parecían haberle afectado tanto que es como si las mujeres fuesen el eje de rotación en su vida. Los vicios y los excesos en los que lo vi sumergido me parecieron tales que apenas podían dar crédito mis oídos a lo que estoy por mencionar.
Admiré desde siempre su imparcialidad ante los géneros, siempre consideró equitativa la posición del hombre y la mujer dentro de la sociedad. Ese jóven que yo admiraba, se fue y en su lugar permanece un retrógrada machista que apenas hace diferencia de una mujer y un objeto.
Es sorprendente cómo da vueltas la vida.
Sin más preámbulos, mencionaré sus disertaciones, que aunque no están literalmente como él las menciona, las pondré entre paréntesis para referirme a él.
"La vida no es justa de ninguna manera, yo siempre traté de ofrecer lo mejor de mis tiempos a la mujer que creía sería como sacada de un cuento de hadas. Traté de preservar lo mejor de mi vida para ella. Le ofrecí toda la creatividad hasta llegar más allá de los límites de mi imaginación. Yo pensé que apenas sería digno de ella, pero me di cuenta de que no era así, de que al comparar mi vida con la de ella. Había cuidado de mí en vano. Le estoy ofreciendo lo mejor que tengo de mí a una extraña. Al principio me pareció que la conocía demasiado bien, pero en su pasado está manchada de excesos, ella siempre vivió de lo que le ofrecía la noche. No era para nada complicado acostarse con ella, apenas le sonreía el primero y ni siquiera era necesario conocerla para amanecer en la cama con ella.
Siempre seguí el precepto de la iglesia de que mi cuerpo era un templo, por eso no permití que nadie me tocara y que aquella que lo hiciera, sería puramente de ella. ¿Para qué si otros han profanado el templo que sería mío?
Aunque se arrepienta de los pecados de su juventud, ¿quién se arrepentiría del sexo?, hasta la fecha no recuerdo a nadie que se retracte de algo que causa placer aunque haga daño, es como el alcohol o el cigarro.
Yo evité pasar noches en vela de diversión y excesos para poder ofrecerle lo mejor de mis años a aquélla mujer que se convertiría en mi vida.
Y a cambio lo único que recibo son los restos de las huellas que otros hombres dejaron en su cuerpo. Apenas puedo tocarla sin que otros hayan tocado esa parte de su cuerpo. Mi primera impresión fue de asco, verguénza y especialmente, desilusión.
Fue entonces que decidí ofrecer lo mismo, a escondidas escaparme con mis amigos a los mejores burdeles del pueblo y entrar en las cantinas que frecuentaba ella.
Pues no considero que se merezca menos de lo que es ella.
A mí no me parece equitativo que un justo tenga descendencia con una pecadora. Por eso ofrecí mi alma a los placeres de la carne, ¿quién sería ella para reprocharme lo que ella misma hizo sin rendirles cuentas a nadie?
Así que llegué a la conclusión que lo menos que merece es un hombre infiel. Si ella misma no respetó su cuerpo cuando pudo, ¿por qué yo habría de respetarla?, el respeto se gana con el tiempo y ella no lo hizo cuando tuvo oportunidad. Las oportunidades se acabaron y yo estoy harto de vivir así. Por eso es que decidí dejarla. Porque no la considero a la altura de mis ambiciones. A nada me llevaría seguirle siendo infiel porque yo lo que estoy buscando es venganza por lo que le hizo a los hombres de su pasado. A nadie le gusta que le traten como objeto, así como lo hicieron conmigo, yo lo hice con ella"
Eso fue lo que constestó después de que le pregunté el por qué de su respuesta ante la pregunta: "¿Acepta usted a [fulana] por esposa?"
Este amigo mío se arrepintió en el altar de la decisión que había tomado para con su futura esposa, y me dijo: "haber sabido que mi futura esposa fue una puta antes de haberla conocido fue algo que dió vueltas en mi cabeza 15 días antes de nuestra boda. Porque ella y yo hicimos el pacto de tenernos la confianza de abrir nuestros corazones y amarnos inclusive por nuestros defectos. Algunos no estamos dispuestos a soportar la humillación que cause el pasado de otros. Yo estoy orgulloso de que la vida me haya tratado mal y que hayan sido pocos los momentos de felicidad, pues le ofrecí un hombre perfecto y no me sentí convencido de que ella hubiese hecho lo mismo. Yo no tengo nada de qué arrepentirme cuando me mire a la cara y me pregunte por los nombres de mi pasado. Pues cuando yo lo hago con ella, solo inclina el rostro y su corazón se hace pedazos por que, pedazos es lo que dejaron los otros que estuvieron con ella. Mi corazón está completo y ella solo me estaba entregando lo que otros habían dejado. Ni cuando era niño armaba rompecabezas, ahora que soy adulto, no tengo la paciencia para estar remendando corazones".
De ahí que en ciertas ocasiones la ignorancia nos hace vivir felices, porque la verdad, aunque nos hace sabios, nos deleita con tragos amargos.
No estoy seguro de que esa decisión haya sido la más correcta para ambos, pero algo es seguro. Él está más tranquilo.
Por último solo me dijo: "Este es mi momento, estoy disfrutando de adulto los excesos de los que me abstuve cuando jóven porque no estaba preparado, ahora no busco estabilidad con nadie, quiero aventurarme porque aún estoy jóven, ella vivió demasiado rápido y no es problema mío. Si quiere famlia, dejó ir sus oportunidades, yo no estoy en disposición de entregarle mi vida a alguien que no entienda mis prioridades".
La última frase me pareció demasiado vaga, pues hablando de vicios, no entiendo cuáles podrían ser esas prioridades, pero si bien es cierto que cada quien elige qué camino seguir, hay que estar seguros de que aquélla persona que camina a nuestro lado debe tener los mismos pensamientos.
El ego que caracteriza a este persona sin duda me llenó siempre de asombro, pues nunca le veía cabizbajo por mal que le fuera en la vida y por primera vez su mirada se veía apagada y triste. Su orgullo siempre lo mantuvo la mirada por encima del hombro a pesar de que su cabeza estuviese inclinada.
Antes de despedirnos solo agregó: "no existe peor condena en esta vida que el arrepentimiento. Yo me arrepiento de haber desperdiciado tanto tiempo a su lado sin saber realmente quién era. Me molesta que venga a darse golpes de pecho frente a mí y comience a restringirme cosas que mucho peores, hizo ella. Y no planeo estar con alguien que se arrepiente de lo que hizo y delante de mi se avergüence de las decisiones que nadie le obligó a tomar".
De verdad pensé que este amigo mío vivía en la prosperidad con el amor de su vida, pero ahora me he dado cuenta de que el amor no es suficiente en nuestras vidas, siempre debe de ir acompañado de un objetivo. Y al parecer este amigo mío no tenía un objetivo claro en su vida, pues las restricciones que tuvo desde niño lo llevan a actuar como tal ahora de adulto. De su pareja no puedo agregar nada. Ella tampoco tiene la culpa de los traumas de su infancia. Todos somos libres de estar con quien mejor nos parezca, después de todo, somos humanos y nos equivocamos. El perdón es parte del crecimiento espiritual.
Sin embargo, algunos creen haber nacido divinos y no merecedores del amor carnal. Los ideales de ambos eran diferentes, mientras él buscaba aventuras, ella buscaba estabilidad.
Ciertamente los hombres tardamos más en madurar, por eso dicen también que los hombres tienen sexo cuando pueden y las mujeres cuando quieren. Solo hace falta ese empujoncito extra para que las cosas puedan suscitarse. Por eso los hombres le tenemos pavor al matrimonio, creemos que nos corta las alas para seguir creciendo dentro del grupo de aceptación masculino. Sobre todo como en el caso de mi amigo, que apenas empezaba a despegar en terrenos de la sexualidad y los vicios, al parecer, no pudo tolerar a alguien con mayor experiencia que él.
Así es la triste realidad de aquéllos que se arrepienten del amor.
Con tristeza me di cuenta de que la imágen de ese hombre se ha desvanecido. El tiempo parece haberlo consumido de una manera que a mí me extrañaría en un hombre ya penas puedo creer que esa alma aparentemente tan rígida a los preceptos que regían su estricta conducta.
Se convirtió en un hombre decepcionado de sus relaciones interpersonales y en general de la vida tan intachable que llevaba. Las decepciones amorosas parecían haberle afectado tanto que es como si las mujeres fuesen el eje de rotación en su vida. Los vicios y los excesos en los que lo vi sumergido me parecieron tales que apenas podían dar crédito mis oídos a lo que estoy por mencionar.
Admiré desde siempre su imparcialidad ante los géneros, siempre consideró equitativa la posición del hombre y la mujer dentro de la sociedad. Ese jóven que yo admiraba, se fue y en su lugar permanece un retrógrada machista que apenas hace diferencia de una mujer y un objeto.
Es sorprendente cómo da vueltas la vida.
Sin más preámbulos, mencionaré sus disertaciones, que aunque no están literalmente como él las menciona, las pondré entre paréntesis para referirme a él.
"La vida no es justa de ninguna manera, yo siempre traté de ofrecer lo mejor de mis tiempos a la mujer que creía sería como sacada de un cuento de hadas. Traté de preservar lo mejor de mi vida para ella. Le ofrecí toda la creatividad hasta llegar más allá de los límites de mi imaginación. Yo pensé que apenas sería digno de ella, pero me di cuenta de que no era así, de que al comparar mi vida con la de ella. Había cuidado de mí en vano. Le estoy ofreciendo lo mejor que tengo de mí a una extraña. Al principio me pareció que la conocía demasiado bien, pero en su pasado está manchada de excesos, ella siempre vivió de lo que le ofrecía la noche. No era para nada complicado acostarse con ella, apenas le sonreía el primero y ni siquiera era necesario conocerla para amanecer en la cama con ella.
Siempre seguí el precepto de la iglesia de que mi cuerpo era un templo, por eso no permití que nadie me tocara y que aquella que lo hiciera, sería puramente de ella. ¿Para qué si otros han profanado el templo que sería mío?
Aunque se arrepienta de los pecados de su juventud, ¿quién se arrepentiría del sexo?, hasta la fecha no recuerdo a nadie que se retracte de algo que causa placer aunque haga daño, es como el alcohol o el cigarro.
Yo evité pasar noches en vela de diversión y excesos para poder ofrecerle lo mejor de mis años a aquélla mujer que se convertiría en mi vida.
Y a cambio lo único que recibo son los restos de las huellas que otros hombres dejaron en su cuerpo. Apenas puedo tocarla sin que otros hayan tocado esa parte de su cuerpo. Mi primera impresión fue de asco, verguénza y especialmente, desilusión.
Fue entonces que decidí ofrecer lo mismo, a escondidas escaparme con mis amigos a los mejores burdeles del pueblo y entrar en las cantinas que frecuentaba ella.
Pues no considero que se merezca menos de lo que es ella.
A mí no me parece equitativo que un justo tenga descendencia con una pecadora. Por eso ofrecí mi alma a los placeres de la carne, ¿quién sería ella para reprocharme lo que ella misma hizo sin rendirles cuentas a nadie?
Así que llegué a la conclusión que lo menos que merece es un hombre infiel. Si ella misma no respetó su cuerpo cuando pudo, ¿por qué yo habría de respetarla?, el respeto se gana con el tiempo y ella no lo hizo cuando tuvo oportunidad. Las oportunidades se acabaron y yo estoy harto de vivir así. Por eso es que decidí dejarla. Porque no la considero a la altura de mis ambiciones. A nada me llevaría seguirle siendo infiel porque yo lo que estoy buscando es venganza por lo que le hizo a los hombres de su pasado. A nadie le gusta que le traten como objeto, así como lo hicieron conmigo, yo lo hice con ella"
Eso fue lo que constestó después de que le pregunté el por qué de su respuesta ante la pregunta: "¿Acepta usted a [fulana] por esposa?"
Este amigo mío se arrepintió en el altar de la decisión que había tomado para con su futura esposa, y me dijo: "haber sabido que mi futura esposa fue una puta antes de haberla conocido fue algo que dió vueltas en mi cabeza 15 días antes de nuestra boda. Porque ella y yo hicimos el pacto de tenernos la confianza de abrir nuestros corazones y amarnos inclusive por nuestros defectos. Algunos no estamos dispuestos a soportar la humillación que cause el pasado de otros. Yo estoy orgulloso de que la vida me haya tratado mal y que hayan sido pocos los momentos de felicidad, pues le ofrecí un hombre perfecto y no me sentí convencido de que ella hubiese hecho lo mismo. Yo no tengo nada de qué arrepentirme cuando me mire a la cara y me pregunte por los nombres de mi pasado. Pues cuando yo lo hago con ella, solo inclina el rostro y su corazón se hace pedazos por que, pedazos es lo que dejaron los otros que estuvieron con ella. Mi corazón está completo y ella solo me estaba entregando lo que otros habían dejado. Ni cuando era niño armaba rompecabezas, ahora que soy adulto, no tengo la paciencia para estar remendando corazones".
De ahí que en ciertas ocasiones la ignorancia nos hace vivir felices, porque la verdad, aunque nos hace sabios, nos deleita con tragos amargos.
No estoy seguro de que esa decisión haya sido la más correcta para ambos, pero algo es seguro. Él está más tranquilo.
Por último solo me dijo: "Este es mi momento, estoy disfrutando de adulto los excesos de los que me abstuve cuando jóven porque no estaba preparado, ahora no busco estabilidad con nadie, quiero aventurarme porque aún estoy jóven, ella vivió demasiado rápido y no es problema mío. Si quiere famlia, dejó ir sus oportunidades, yo no estoy en disposición de entregarle mi vida a alguien que no entienda mis prioridades".
La última frase me pareció demasiado vaga, pues hablando de vicios, no entiendo cuáles podrían ser esas prioridades, pero si bien es cierto que cada quien elige qué camino seguir, hay que estar seguros de que aquélla persona que camina a nuestro lado debe tener los mismos pensamientos.
El ego que caracteriza a este persona sin duda me llenó siempre de asombro, pues nunca le veía cabizbajo por mal que le fuera en la vida y por primera vez su mirada se veía apagada y triste. Su orgullo siempre lo mantuvo la mirada por encima del hombro a pesar de que su cabeza estuviese inclinada.
Antes de despedirnos solo agregó: "no existe peor condena en esta vida que el arrepentimiento. Yo me arrepiento de haber desperdiciado tanto tiempo a su lado sin saber realmente quién era. Me molesta que venga a darse golpes de pecho frente a mí y comience a restringirme cosas que mucho peores, hizo ella. Y no planeo estar con alguien que se arrepiente de lo que hizo y delante de mi se avergüence de las decisiones que nadie le obligó a tomar".
De verdad pensé que este amigo mío vivía en la prosperidad con el amor de su vida, pero ahora me he dado cuenta de que el amor no es suficiente en nuestras vidas, siempre debe de ir acompañado de un objetivo. Y al parecer este amigo mío no tenía un objetivo claro en su vida, pues las restricciones que tuvo desde niño lo llevan a actuar como tal ahora de adulto. De su pareja no puedo agregar nada. Ella tampoco tiene la culpa de los traumas de su infancia. Todos somos libres de estar con quien mejor nos parezca, después de todo, somos humanos y nos equivocamos. El perdón es parte del crecimiento espiritual.
Sin embargo, algunos creen haber nacido divinos y no merecedores del amor carnal. Los ideales de ambos eran diferentes, mientras él buscaba aventuras, ella buscaba estabilidad.
Ciertamente los hombres tardamos más en madurar, por eso dicen también que los hombres tienen sexo cuando pueden y las mujeres cuando quieren. Solo hace falta ese empujoncito extra para que las cosas puedan suscitarse. Por eso los hombres le tenemos pavor al matrimonio, creemos que nos corta las alas para seguir creciendo dentro del grupo de aceptación masculino. Sobre todo como en el caso de mi amigo, que apenas empezaba a despegar en terrenos de la sexualidad y los vicios, al parecer, no pudo tolerar a alguien con mayor experiencia que él.
Así es la triste realidad de aquéllos que se arrepienten del amor.