En ésta ocasión relataré la historia de "Daniel", "Marcela" y "Dulce".
Daniel y Marcela eran una pareja ejemplar, siempre se los veía de lo más felices, paseándose tomados de la mano. Sonriéndose mientras se miraban a los ojos, besándose con mucha ternura y cariño. La comunicación entre ellos, podría afrimar, era impecable, Daniel siempre estaba al tanto de la vida de Marcela, uno cuidaba de la otra en todo momento, la relación era tan estrecha que es como si hubieran sido concebidos para ser el uno para el otro. Daniel juraba que Marcela era la mujer de sus sueños y hasta de sus pesadillas. No podría haber obsesión por alguien más grande que la de él por ella.
Marcela gustaba de Daniel desde el primer momento en que se conocieron, sus ojos brillaban cada vez que veía a Daniel. Su primer encuentro fue algo mágico, afirma ella. -Saltaron chispas cuando lo ví, me parecía haber visto bajar un ángel del cielo-, dijo. Después de ese primer encuentro, la vida de Marcela cambió por completo, pues nunca tuvo relaciones sencillas con sus anteriores parejas, su inestabilidad psicológica nunca la llevó a tener una relación que durase más de un par de meses. Después de un tiempo le parecían aburridos y no cumplían los caprichos que como mujer estaba acostumbrada a satisfacer.
Como en toda relación, todo es miel sobre hojuelas durante los primeros meses, inclusive para Daniel fue sorprendente porque pasaron dos años sin que lo notase, -el tiempo pasa más rápido de lo que yo esperaba, a su lado todo se detiene, cuando en realidad, parece, inclusive, el tiempo escapa de entre sus manos-, afirmaba él.
Si bien el corazón de una mujer es un profundo mar de secretos, en los hombres pareciera ser algo así como: un secreto de los mares profundos.
Como todas las relaciones basadas en la confianza y el respeto mutuo. Daniel guardaba aún en su corazón la daga que Dulce había clavado tiempo atrás. Una cicatriz en el pecho que Daniel nunca supo cómo sanar.
-A veces me da la impresión de que hay gente que entra a tu vida y aunque su cuerpo se vaya, su alma quedará impregnada a tu corazón en las cicatrices que te dejan-, decía eso cada vez que recordaba a Dulce.
Las cosas entre Dulce y Daniel son algo más complejas, pues Daniel estaba perdidamente enamorado de ella, y a pesar de que Dulce lo sabía, nunca quiso ser algo más que amiga de Daniel, le parecía simpática la manera en la que él se expresaba de ella, siempre con halagos y su imágen histriónica siempre cambiante.
Dulce veía más a Daniel como un compañero de juegos, un igual con el que podía divertirse. Por ello es que él la guardó en su corazón profundamente, esas risas y juegos fueron grabando recuerdos en su memoria.
Cuando ellos se separaron, Daniel ya había tenido problemas amorosos, pues a pesar de que eran muy amigos y él estaba perdidamente enamorado de Dulce, trató de mantener los pies sobre la tierra. Continuó conociendo chicas y sus relaciones con la gente fueron mejorando al punto que comenzó a olvidarse, aparentemente, de Dulce.
El destino parece jugar papeles tan extraños como pruebas de fe y realismo que le damos a todo aquéllo que pensamos es eterno. Tal es el caso de Daniel.
Justo cuando creía que Marcela era la mujer de sus sueños, por misteriosos azares del destino, apareció Dulce.
Ella era una mujer muy jueguetona y alegre, la vida misma le parecía una broma. Los tiempos en los que sus padres se separaron jugaron un papel que haría recapacitar mucho a Dulce, pues sin el apoyo mutuo de ellos, ella se vió obligada a valerse por sí misma y su percepción de la vida comenzó a ser bastante distinta, volviéndose ella una persona más seria respecto a lo que quería para su vida.
Aunque Daniel estaba seguro de que Dulce no llegaría a ser más allá que una simple ama de casa, eso no importaba para que él pudiera idealizar a la compañera de su vida en ella. Y aunque ella no era una mujer abnegada y su carácter era mucho más fuerte que el de Daniel. Era ese poder que ella ejercía en él, lo que le parecía aún más atrayente.
Dulce se gana la vida en un negocio que inició una vez terminando su carrera, algo que a Daniel sorprendió sobremanera, fue así como ellos volvieron a encontrarse. De visita por el lugar donde ellos solían hacerse compañía fue que volvió a encontrarla.
La vida de Daniel daba la impresión quietud y paz, misma que fue interrumpida por la presencia de Dulce, su corazón, mar apacible se volvió un sifón descontrolado.
Daniel y Dulce sonrieron el uno al otro, después de un par de citas. Se dieron cuenta que era más afines, Daniel ya no era el tipo que pasa desapercibido, a pesar de que su carácter siempre cambiante seguía siendo el mismo, su porte era más de caballero, irradiaba la confianza de una persona totalmente distinta. Para Dulce era como volver a conocer a Daniel.
Por otra parte, esa seriedad por parte de ella cuando hablaban del tiempo que había pasado desde su distanciamiento hicieron pensar a Daniel que Dulce había por fin madurado y tomado las riendas de su vida. Dulce vivía en un departamento a las afueras de la ciudad.
Las manos de Dulce temblaban cada vez que Daniel las tocaba. Era algo así como un choque causado por electricidad estática. Pues a pesar de estar con alguien a quien ya conocía, el nuevo Daniel, parecía irradiante.
El tiempo, en su inefable paso por el universo, consumiéndolo todo a su paso. Lo mismo hizo con los tres.
Daniel nunca mencionó a Dulce delante de Marcela, los celos por el pasado pueden causar estragos en una relación hasta el punto de destruirla, y ese era el principal temor de Daniel, acabar con la estabilidad que tanto trabajo le había costado construir a lado de Marcela.
Y si bien Marcela no tomó decisiones acertadas antes de Daniel, era ahora Daniel el que estaba bajo las mismas circunstancias. Pues haber encontrado a Dulce le hacían pensar que Marcela no estaba realmente a la altura de las expectativas de Daniel.
En una cita de Daniel, Dulce se dió cuenta de su situación, sin embargo, no era un asunto sencillo ahora, puesto que Dulce comenzaba a enamorarse de Daniel. Y aunque a ella le parecía que Daniel podría ser el hombre de su vida y con quien podría encontrar su felicidad, se había dado cuenta que en realidad le pertenecía a alguien más.
Llegó el momento en el Daniel quedó suspendido en el limbo, puesto que se sentía más atraído por las prioridades que Dulce le daba a Daniel en su vida y le daba miedo perder lo que tanto trabajo le había costado lograr con Marcela.
Hasta que llegó el momento en el que tuvo que decidir.
Dulce citó a Daniel en el café en que se pasaban horas platicando. Dándole a Daniel la señal de que se trataba de algo serio.
Dulce comenzó la conversación con preguntándole a Daniel si estaba dispuesto a dejar a Marcela para estar con ella.
A Daniel esa pregunta le pareció un disparo directo en el corazón, y aunque él sabía que ese momento tenía que llegar. Nunca se preparó para que alguna de ellas estuviera dispuesto a ponerlo entre la espada y la pared, pues él era feliz ocultando la existencia de Dulce a Marcela, además de que Dulce sabía perfectamente que Daniel tenía una relación y encima de ésto sus planes eran diferentes, sin embargo, ella se dió la oportunidad de salir con él, para saber si podía recuperar o que en alguna ocasión él le había ofrecido y con su comportamiento, daba la impresión de que estaba decidido a devolver.
Aunque a mí manera de pensar, Dulce era un ciclo abierto en la vida de Daniel porque nunca pudo tocar los labios de ella con un beso y ahora que lo había hecho, para él era como una droga que lo alejaba de la realidad que sentía, pues era más bien una obligación moral para él el estar con Marcela. A veces la relación con Marcela se tornaba tan monótona que prefería estar con Dulce para olvidar un poco la rutina de Marcela.
Daniel vivía en el engaño, no hacia Marcela, sino hacia él mismo. El amor según expresan los exégetas románticos, nunca es egoísta y pretende satisfacer ambas partes al mismo tiempo.
Daniel no estaba enamorado realmente, y engañarse a sí mismo demostraba que su egoísmo lo estaba ahora consumiendo.
Daniel bebió un trago de la taza de café, se limpió los labios, suspiró de manera meditabunda, tratando de medir las palabras que le diría a Dulce y continuó:
-¿No te parece que el amor es en ocasiones como el café?, empiezas con la taza llena y sorbo a sorbo comienzas a consumirlo hasta que se termina, lo mismo sucede, pienso yo. Disfrutas el caramelo del azúcar en el paladar, pero también te parece deliciosa la sensación amarga que por su esencia el café te deja en la lengua. No podría continuar contigo de esta manera, estoy engañando a ambas, mi corazón pertenece a Marcela, y aunque mi atención está contigo. No es bueno servirse dos tazas al mismo tiempo, siempre se consumirá una antes que la otra. Y aunque soy feliz con cada una, no podría permitirme hacerlas sufrir de manera simultánea. Me doy cuenta del daño que les hago a ambas con esto y si de tomar una decisión se trata, creo que prefiero quedarme con Marcela, el tiempo entre nosotros, Dulce, fue el pasado, no podríamos hablar de un futuro y el presente aún no nos pertenece.
"Aunque vivo feliz con las hermosas ilusiones que vivo en mi presente y que hube deseado en el pasado, lo cierto es que no es nuestro mejor momento, por un corazón roto es que lo siento. No existe un amor de tres y me hace más feliz, hacer sufrir un solo corazón a la vez".
Aunque la historia es basada en hechos verídicos y los nombres han sido cambiados, cualquier parecido con la realidad resulta una perturbadora coincidencia.
Daniel y Marcela eran una pareja ejemplar, siempre se los veía de lo más felices, paseándose tomados de la mano. Sonriéndose mientras se miraban a los ojos, besándose con mucha ternura y cariño. La comunicación entre ellos, podría afrimar, era impecable, Daniel siempre estaba al tanto de la vida de Marcela, uno cuidaba de la otra en todo momento, la relación era tan estrecha que es como si hubieran sido concebidos para ser el uno para el otro. Daniel juraba que Marcela era la mujer de sus sueños y hasta de sus pesadillas. No podría haber obsesión por alguien más grande que la de él por ella.
Marcela gustaba de Daniel desde el primer momento en que se conocieron, sus ojos brillaban cada vez que veía a Daniel. Su primer encuentro fue algo mágico, afirma ella. -Saltaron chispas cuando lo ví, me parecía haber visto bajar un ángel del cielo-, dijo. Después de ese primer encuentro, la vida de Marcela cambió por completo, pues nunca tuvo relaciones sencillas con sus anteriores parejas, su inestabilidad psicológica nunca la llevó a tener una relación que durase más de un par de meses. Después de un tiempo le parecían aburridos y no cumplían los caprichos que como mujer estaba acostumbrada a satisfacer.
Como en toda relación, todo es miel sobre hojuelas durante los primeros meses, inclusive para Daniel fue sorprendente porque pasaron dos años sin que lo notase, -el tiempo pasa más rápido de lo que yo esperaba, a su lado todo se detiene, cuando en realidad, parece, inclusive, el tiempo escapa de entre sus manos-, afirmaba él.
Si bien el corazón de una mujer es un profundo mar de secretos, en los hombres pareciera ser algo así como: un secreto de los mares profundos.
Como todas las relaciones basadas en la confianza y el respeto mutuo. Daniel guardaba aún en su corazón la daga que Dulce había clavado tiempo atrás. Una cicatriz en el pecho que Daniel nunca supo cómo sanar.
-A veces me da la impresión de que hay gente que entra a tu vida y aunque su cuerpo se vaya, su alma quedará impregnada a tu corazón en las cicatrices que te dejan-, decía eso cada vez que recordaba a Dulce.
Las cosas entre Dulce y Daniel son algo más complejas, pues Daniel estaba perdidamente enamorado de ella, y a pesar de que Dulce lo sabía, nunca quiso ser algo más que amiga de Daniel, le parecía simpática la manera en la que él se expresaba de ella, siempre con halagos y su imágen histriónica siempre cambiante.
Dulce veía más a Daniel como un compañero de juegos, un igual con el que podía divertirse. Por ello es que él la guardó en su corazón profundamente, esas risas y juegos fueron grabando recuerdos en su memoria.
Cuando ellos se separaron, Daniel ya había tenido problemas amorosos, pues a pesar de que eran muy amigos y él estaba perdidamente enamorado de Dulce, trató de mantener los pies sobre la tierra. Continuó conociendo chicas y sus relaciones con la gente fueron mejorando al punto que comenzó a olvidarse, aparentemente, de Dulce.
El destino parece jugar papeles tan extraños como pruebas de fe y realismo que le damos a todo aquéllo que pensamos es eterno. Tal es el caso de Daniel.
Justo cuando creía que Marcela era la mujer de sus sueños, por misteriosos azares del destino, apareció Dulce.
Ella era una mujer muy jueguetona y alegre, la vida misma le parecía una broma. Los tiempos en los que sus padres se separaron jugaron un papel que haría recapacitar mucho a Dulce, pues sin el apoyo mutuo de ellos, ella se vió obligada a valerse por sí misma y su percepción de la vida comenzó a ser bastante distinta, volviéndose ella una persona más seria respecto a lo que quería para su vida.
Aunque Daniel estaba seguro de que Dulce no llegaría a ser más allá que una simple ama de casa, eso no importaba para que él pudiera idealizar a la compañera de su vida en ella. Y aunque ella no era una mujer abnegada y su carácter era mucho más fuerte que el de Daniel. Era ese poder que ella ejercía en él, lo que le parecía aún más atrayente.
Dulce se gana la vida en un negocio que inició una vez terminando su carrera, algo que a Daniel sorprendió sobremanera, fue así como ellos volvieron a encontrarse. De visita por el lugar donde ellos solían hacerse compañía fue que volvió a encontrarla.
La vida de Daniel daba la impresión quietud y paz, misma que fue interrumpida por la presencia de Dulce, su corazón, mar apacible se volvió un sifón descontrolado.
Daniel y Dulce sonrieron el uno al otro, después de un par de citas. Se dieron cuenta que era más afines, Daniel ya no era el tipo que pasa desapercibido, a pesar de que su carácter siempre cambiante seguía siendo el mismo, su porte era más de caballero, irradiaba la confianza de una persona totalmente distinta. Para Dulce era como volver a conocer a Daniel.
Por otra parte, esa seriedad por parte de ella cuando hablaban del tiempo que había pasado desde su distanciamiento hicieron pensar a Daniel que Dulce había por fin madurado y tomado las riendas de su vida. Dulce vivía en un departamento a las afueras de la ciudad.
Las manos de Dulce temblaban cada vez que Daniel las tocaba. Era algo así como un choque causado por electricidad estática. Pues a pesar de estar con alguien a quien ya conocía, el nuevo Daniel, parecía irradiante.
El tiempo, en su inefable paso por el universo, consumiéndolo todo a su paso. Lo mismo hizo con los tres.
Daniel nunca mencionó a Dulce delante de Marcela, los celos por el pasado pueden causar estragos en una relación hasta el punto de destruirla, y ese era el principal temor de Daniel, acabar con la estabilidad que tanto trabajo le había costado construir a lado de Marcela.
Y si bien Marcela no tomó decisiones acertadas antes de Daniel, era ahora Daniel el que estaba bajo las mismas circunstancias. Pues haber encontrado a Dulce le hacían pensar que Marcela no estaba realmente a la altura de las expectativas de Daniel.
En una cita de Daniel, Dulce se dió cuenta de su situación, sin embargo, no era un asunto sencillo ahora, puesto que Dulce comenzaba a enamorarse de Daniel. Y aunque a ella le parecía que Daniel podría ser el hombre de su vida y con quien podría encontrar su felicidad, se había dado cuenta que en realidad le pertenecía a alguien más.
Llegó el momento en el Daniel quedó suspendido en el limbo, puesto que se sentía más atraído por las prioridades que Dulce le daba a Daniel en su vida y le daba miedo perder lo que tanto trabajo le había costado lograr con Marcela.
Hasta que llegó el momento en el que tuvo que decidir.
Dulce citó a Daniel en el café en que se pasaban horas platicando. Dándole a Daniel la señal de que se trataba de algo serio.
Dulce comenzó la conversación con preguntándole a Daniel si estaba dispuesto a dejar a Marcela para estar con ella.
A Daniel esa pregunta le pareció un disparo directo en el corazón, y aunque él sabía que ese momento tenía que llegar. Nunca se preparó para que alguna de ellas estuviera dispuesto a ponerlo entre la espada y la pared, pues él era feliz ocultando la existencia de Dulce a Marcela, además de que Dulce sabía perfectamente que Daniel tenía una relación y encima de ésto sus planes eran diferentes, sin embargo, ella se dió la oportunidad de salir con él, para saber si podía recuperar o que en alguna ocasión él le había ofrecido y con su comportamiento, daba la impresión de que estaba decidido a devolver.
Aunque a mí manera de pensar, Dulce era un ciclo abierto en la vida de Daniel porque nunca pudo tocar los labios de ella con un beso y ahora que lo había hecho, para él era como una droga que lo alejaba de la realidad que sentía, pues era más bien una obligación moral para él el estar con Marcela. A veces la relación con Marcela se tornaba tan monótona que prefería estar con Dulce para olvidar un poco la rutina de Marcela.
Daniel vivía en el engaño, no hacia Marcela, sino hacia él mismo. El amor según expresan los exégetas románticos, nunca es egoísta y pretende satisfacer ambas partes al mismo tiempo.
Daniel no estaba enamorado realmente, y engañarse a sí mismo demostraba que su egoísmo lo estaba ahora consumiendo.
Daniel bebió un trago de la taza de café, se limpió los labios, suspiró de manera meditabunda, tratando de medir las palabras que le diría a Dulce y continuó:
-¿No te parece que el amor es en ocasiones como el café?, empiezas con la taza llena y sorbo a sorbo comienzas a consumirlo hasta que se termina, lo mismo sucede, pienso yo. Disfrutas el caramelo del azúcar en el paladar, pero también te parece deliciosa la sensación amarga que por su esencia el café te deja en la lengua. No podría continuar contigo de esta manera, estoy engañando a ambas, mi corazón pertenece a Marcela, y aunque mi atención está contigo. No es bueno servirse dos tazas al mismo tiempo, siempre se consumirá una antes que la otra. Y aunque soy feliz con cada una, no podría permitirme hacerlas sufrir de manera simultánea. Me doy cuenta del daño que les hago a ambas con esto y si de tomar una decisión se trata, creo que prefiero quedarme con Marcela, el tiempo entre nosotros, Dulce, fue el pasado, no podríamos hablar de un futuro y el presente aún no nos pertenece.
"Aunque vivo feliz con las hermosas ilusiones que vivo en mi presente y que hube deseado en el pasado, lo cierto es que no es nuestro mejor momento, por un corazón roto es que lo siento. No existe un amor de tres y me hace más feliz, hacer sufrir un solo corazón a la vez".
Aunque la historia es basada en hechos verídicos y los nombres han sido cambiados, cualquier parecido con la realidad resulta una perturbadora coincidencia.